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El documento elegido

La mayoría de nuestros datos del documento, cuando somos anotados en el registro civil, no son elegidos. El nombre, algo que conforma nuestra identidad para toda la vida, no pertenece a nuestra autoría (aunque actualmente puedan hacerse trámites relacionados al cambio de nombre). Hay una cosa que las personas sí podemos elegir a lo largo de nuestra vida y que conforma, para los futboleros, algo tan importante que debería estar incluido en el DNI particular de cada uno. Elegir de qué club uno es hincha es una decisión que queda marcada para toda la vida, inclusive para las generaciones futuras de la descendencia de esa persona. Los colores nos acompañan en todos los momentos de nuestra vida, nos remiten a lugares donde fuimos felices y donde sufrimos. Más allá de las buenas y las malas, la identidad que adoptamos al ser hincha de un club configura no sólo una manera de ver y sentir el fútbol, sino también una forma de vivir. Los hinchas de un mismo club se agrupan en formas particulares de ser, que inclusive llegan al punto de poder determinar, a la distancia, cuáles son los colores que tiene una persona tatuados en su corazón.

Identidades en la filial

Magalí Arangue

Magalí “Magui” Arangue es miembro de la comisión directiva de la filial de Racing Club en Río Cuarto. La filial es como su segunda casa, y la gente que siempre va a ver los partidos, su segunda familia. “Como el católico va a la iglesia, yo vengo todos los domingos a ver a Racing”, cuenta con fervor. Su historia con el fútbol data desde el año 2001, cuando Racing salió campeón por primera vez en 35 años. “Mis hermanos y yo éramos chicos, y éramos pobres. Mi viejo nos llevó a un bar a ver el partido, que en esa época era codificado. Con una gaseosita tiramos los 90 minutos. Fue la primera vez que lo vi llorar y yo no entendía bien qué pasaba, pero a partir de ahí nos hicimos fanáticos”, recuerda Magui, emocionada.

La primera vez que Magui viajó a Avellaneda para ver a Racing fue a través de su hermano, quien había cobrado su primer sueldo. Llevó a toda la familia, y Magui no podía ocultar sus nervios antes de entrar. “Mi hermano me abrazó y me dijo ‘subí los escalones y decime qué sentís’. Fue la sensación más linda de mi vida, salir y ver el césped y las tribunas llenas. Es como un tatuaje, una vez que vas por primera vez, no podés parar”, relata Magui con la voz exaltada.

Desde aquella vez, sus viajes a través de la filial fueron cada vez más frecuentes. Sin embargo, al principio no fue fácil para ella insertarse en esa comunidad. “Mi viejo no me dejaba venir acá”, rememora Arangue, y cuenta cómo logró convencerlo: “jugábamos contra Boca y quería ver el partido en la filial, que estaba en la calle Cabrera. Mi viejo me insistía con qué iba a hacer yo ahí, si eran todos hombres. Finalmente pude ir y Toto, un señor que siempre estaba, les dijo a los muchachos que se cuidaran con las puteadas. Cuando nos hacen un gol, la primera que gritó con todo fui yo y recién ahí me aceptaron como una más”.



Guadalupe y valentina fessia

Guadalupe y Valentina Fessia son dos hermanas que siempre van a la filial a ver los partidos y, cuando no, viajan a verlos en la cancha. “A nosotras nos llevan a la cancha desde que éramos bebés. Tenemos todo de Racing”, narra Guadalupe, más suelta que su hermana. Ella jugaba al fútbol desde pequeña y ahora lo hace en Fusión, uno de los equipos locales. “No se nos ocurrió que queremos ver y jugar al fútbol ahora, es desde siempre”, afirma convencida sobre la relación de las mujeres con la redonda.

Ambas hermanas coinciden en que el ambiente en la filial es muy familiar. «Nosotras si no viajamos a Avellaneda venimos acá y siempre nos tratan con la mejor. Cada uno tiene sus cábalas para ver el partido y todos nos respetamos entre nosotros», cuenta Guadalupe. Además, remarcan que la identidad racinguista se basa en que todos son una gran familia. «Acá nuncate van a tratar distinto por ser más chica o ser mujer, todos son iguales. Lo único que queremos es ver a Racing ganar», relatan ambas.

Las dos están orgullosas de que Racing sea uno de los clubes que está a la vanguardia en la visibilización de las discplinas femeninas. Ellas, como muchas otras racinguistas cuando van al Cilindro, asisten al predio Tita Matussi, un lugar de encuentro para los y las hinchas que viajan del interior antes de los partidos. El lugar está nombrado en honor a una señora que vivía en los alrededores del estadio y era considerada la madre postiza de los jugadores en los años sesenta.

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Aricó, Bruno