La joven mexicana fue secuestrada cuando tenía 12 años y hasta los 16 fue obligada a mantener relaciones sexuales con 30 hombres por día. 

 Hoy es una potente activista contra el tráfico de personas. Desde la fundación Camino a casa trabaja para sacar a mujeres de la esclavitud sexual. 

Karla contabilizó la cantidad de violaciones que sufrió lo que da una dimensión del infierno en el que se sumergen las víctimas de este flagelo. Según sus cálculos, fue violada unas 43.200 veces, según contó en una entrevista a la CNN.

En su relato, cuenta que cayó en la  trampa cuando tenía 12 años y se enamoró de un chico de 22, que la sedujo con cariño, regalos y promesas de sacarla de su hogar disfuncional en Tenacingo, en el estado de Tlaxcala, conocido como el mayor centro de tráfico de personas mejicano, según detalla El País.

Con él vivió tres meses antes de ser trasladada a Guadalajara, donde ahí la forzaron a ejercer la prostitución. “Empezaba a las 10 de la mañana y acaba en la medianoche. Algunos hombres se reían de mí porque lloraba mientras me violaban”. 

El chico del que se había enamorado acabó golpeándola: “Me azotaba con cadenas por todo el cuerpo. Me daba puñetazos, me pateaba, tiraba de mi pelo, me escupía en la cara y hasta un día trató de quemarme con la plancha. Le dije que me quería marchar y él me respondió que me había enamorado de un cliente. Me dijo que era una puta”.

Jacinto explica que el método de extersión por parte de los proxenetas era la constante amenaza de matar a su familia si no seguía sus órdenes. “Me ponían una pistola en la cabeza con su foto en la mano y me decían que si no lo hacía matarían primero a mi mamá y luego a mis hermanos”.

En su relato contado en julio en el Vaticano, Karla dice que antes pensaba que no valía nada. “Creía que solo era un objeto que se usaba y se desechaba. Todos los niños y niñas que están ahí se ven como un objeto sexual, que los hombres usan durante un ratito, unos 15 minutos y luego los dejan con lágrimas y con odio y nadie hace nada”. 

Compartiendo su historia, Karla propone que cambien las cosas. “Yo no puedo hacer las cosas si ustedes no nos escuchan”, concluyó.

La argentina, Alika Kinan siempre creyó que había tenido mala suerte. Su madre había sido prostituida, igual que sus tías y su abuela.

“Pensaba que me tocaba prostituirme a mí, que era un destino de la vida”, le dice a BBC Mundo.

Así, Alika pasó 16 años como víctima de trata de personas en forma de explotación sexual. 

Hasta que en 2012 escapó y casi cinco años después, en junio, fue distinguida como “Heroína” en la lucha contra la trata de 2017, por el Departamento de Estado de Estados Unidos. Su transformación fue impresionante.

Alika, quien hoy tiene 41 años, demandó a sus proxenetas por trata de personas, según le confirmó el Ministerio de Justicia argentino a BBC Mundo.

Consiguió que los condenen a penas de entre tres y siete años de cárcel, aunque apelaron la sentencia y están libres.

Además, fue la primera sobreviviente de trata en Argentina para la que la justicia ordenó una indemnización “como forma de reparación por los derechos violados”, según le dijo a BBC Mundo la Fiscalía de ese país.

Desde que Kinan escapó de su situación de trata en 2012, “ha defendido incansablemente los derechos de mujeres a nivel provincial y nacional”, afirma el Departamento de Estado de EE.UU. en el reporte anual de Tráfico de Personas de 2017.

“Teníamos que estar con 20 o 30 hombres por noche, nos obligaban a consumir alcohol, teníamos que beber muchísimo, en algún momento usábamos drogas para resistir las noches tan largas”, detalla.

Sus proxenetas se quedaban con el 60% de lo que producían las mujeres, recuerda Alika.

“Y de lo que quedaba te descontaban los pasajes de avión, el cuarto, la comida, la limpieza, si rompías una copa, la tenías que pagar, si llegabas cinco minutos tarde te descontaban, si te retrasabas con un hombre te lo descontaban, los profilácticos que usabas también te los descontaban”, dice.

Así, Alika acumuló deudas en Ushuaia. Pero conoció a un español, que le pagó lo que debía y se la llevó a vivir con él a Barcelona.

“Pensé que mi vida podía cambiar, pero me llevó para que me prostituyera y me quitaba todo el dinero”, lamenta.

Alika logró escapar y regresar a Argentina, pero ya con tres hijas mujeres —que había tenido con el español— y volvió a verse sin recursos para vivir.

No había perdido la comunicación con los proxenetas de Tierra del Fuego, así que me dijeron venite enseguida, te mandamos los pasajes‘”, cuenta.

“Salía de una situación para meterme en otra peor. Les pasa a muchas mujeres en el mundo, que son empujadas a las redes de trata por la vulnerabilidad social, la pobreza, la violencia de género”.

Alika estuvo en El Sheik hasta que el gobierno allanó el local en octubre de 2012 y fue liberada.

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