Las mujeres han sido silenciadas y menospreciadas a lo largo de la historia. En el caso del ámbito científico, muchas contribuyeron en el avance del conocimiento, pero sus aportes han sido escondidos debajo de nombres masculinos que si tuvieron la oportunidad de ser escuchados. 

Entonces, si bien existieron mujeres científicas en la historia de la humanidad, y cuyos descubrimientos aun hoy son importantes, no se les dio la suficiente difusión como para lograr ser reconocidas por todos. 

Es por eso que decidimos presentar una lista con algunas de las mujeres mas importantes en la ciencia, pero que durante años fueron borradas de la literatura.

​Es conocida por ser la primera mujer científica en recibir un Premio Nobel.

Nació en Varsovia, Polonia el 7 de noviembre de 1867 y murió en Passy, Francia el 4 de noviembre de 1934.  

Después de cursar los estudios de enseñanza básica Marie Curie no pudo ingresar en una institución de educación superior por el mero hecho de ser mujer. Sin embargo, eso no hizo más que avivar sus ganas de aprender e ingresó junto a su hermana Bronislawa en una universidad clandestina polaca que sí admitía mujeres.

Mientras continuaba con su formación, Marie trabajó como institutriz para poder seguir pagando sus estudios.

En 1891, Curie consiguió viajar a Francia para estudiar, luego de ahorrar durante años, pero también con la ayuda económica de su padre. Gracias a todos esos años de esfuerzo y sacrificio se licenció en Física en la universidad de París, siendo número uno en su promoción.

Al año siguiente conoció a Pierre Curie, quien se convirtió en su marido. Junto a él, continuo formándose hasta conseguir el doctorado. Ambos, junto a Henri Becquerel, anunciaron en 1898 que el radio y el polonio eran más radioactivos que el uranio. Su tema Investigaciones sobre sustancias radioactivas recibió el Premio Nobel de Física en 1903. 

Madame Curie, fue muy importante en estos descubrimientos pero no tuvo el mismo reconocimiento que su marido. Ya que en 1904 Pierre Curie fue nombrado catedrático en la Universidad de París y dos años más tarde logró ser miembro de la Academia Francesa.

En 1906, Pierre sufrió un accidente que acabó con su vida. La muerte de su marido, hizo que Marie Curie tomara su lugar en la cátedra de Física en la Universidad de Sorbona, que le dio el titulo den la primera mujer catedrática en esa universidad.

Durante los años siguientes, continuo sus investigaciones sobre el radio a la par que cuidaba a sus hijas. Así, descubrió que la radioterapia podría ser un tratamiento contra el cáncer. Con estas investigaciones, en 1911, Marie Curie consiguió su segundo Premio Nobel, esta vez en química

Finalmente Marie Cuerie falleció el 4 de julio en 1934 a causa de la radiación a la que estuvo expuesta en sus experimentos. Pero sus aportes en la ciencia continúan presentes hasta la actualidad.

Nació en Londres en 1920, jugó un papel clave en el descubrimiento de la estructura del ADN, aunque fue injustamente tratada por sus colegas y su participación no fue reconocida adecuadamente hasta años después.

Nació en una adinerada familia judía, Franklin siempre supo que quería estudiar ciencias. Se matriculó en Cambridge, donde se doctoró en Química y Física. En 1941 comenzó a trabajar en la Asociación Británica de Investigación de la Utilización del Carbón, y poco después viajó a Francia para trabajar con el cristalógrafo Jacques Mering, del que aprendió a utilizar la difracción de rayos X para crear imágenes de la estructura de la materia sólida cristalizada.

Este talento fue clave para la observación por primera vez de la estructura del ADN, un logro que valió a sus autores el Nobel de Medicina en 1962. En 1951, Franklin entraba a trabajar en el King’s College de Londres como investigadora asociada. Allí, gracias a sus conocimientos, desarrolló la técnica y el instrumental para fotografiar muestras de ADN que permitían reconocer su misma estructura.

La aportación de Franklin, sin embargo, fue menospreciada y olvidada. En 1953 las imágenes fueron divulgadas sin su permiso, y su aportación no fue reconocida. Cuando el nobel se otorgó por el descubrimiento, Franklin ya había fallecido a causa de un cáncer de ovarios, provocado probablemente por las largas horas de exposición a los rayos X sin la protección necesaria.

HIpatia de Alejandría es reconocida como el de la primera mujer científica de la historia. Se cree que vivió entre finales del siglo IV y principios del V en Alejandría (hoy Egipto). Hija del filósofo, astrónomo y matemático Theon, su vida transcurrió en el epicentro del saber y la cultura de la ciudad.

Su padre la educó en las ciencias, no solo en conocerlas, sino en desarrollarlas de forma activa. Participaba en debates como uno más, en una época en la que las mujeres apenas tenían voz, y desarrollaba experimentos relacionados con la astronomía y el razonamiento matemático. Se conserva su correspondencia con Sinesio de Cirene, uno de sus pupilos cristianos que llegó a ser obispo, en el que éste alaba sus habilidades científicas.

Fue autora de varios tratados de matemáticas y astronomía, entre ellos Comentarios al álgebra de Diofanto (del que redactó 13 volúmenes) y el Canon Astronómico. Editó algunas de las obras de su padre y colaboró con él otros de sus tratados. Lamentablemente, todo su trabajo se perdió y solo se conoce debido a citas y referencias de autores posteriores a ella. Según los documentos de Cirene, construyó un astrolabio, un hidroscopio y un hidrómetro.

Según los historiadores, un cambio de gobierno en Alejandría puso a Hipatia en una situación de riesgo: era muy cercana al anterior prefecto, además de demasiado liberal y con puntos de vista filosóficos y científicos inapropiados, sobre todo para una mujer. Hipatia fue asesinada en medio de los disturbios por un grupo de cristianos y Alejandría, símbolo en otra época de cultura y progreso, comenzó a decaer.

Fue la primera astrofísica que descubrió la radioseñal de un púlsar

Nacida en Belfast, Irlanda, en 1943, Bell era hija de un arquitecto y ávido lector en cuya biblioteca comenzó a enamorarse de la astronomía. Sus padres querían que recibiese una buena educación, y cuando suspendió el examen para acceder al siguiente ciclo educativo, la enviaron a una escuela en el extranjero para que siguiese estudiando.

En 1965 se graduó en Física por la Universidad de Glasgow, y más tarde comenzó su doctorado en la Universidad de Cambridge. Fue durante este periodo cuando descubrió los púlsares. Los dos primeros años en Cambridge, Bell se dedicó a colaborar en la construcción de un radiotelescopio que se utilizaba para estudiar quásares. Una vez puesto en marcha, Bell utilizaba el instrumento para analizar un total de 120 metros de gráficos impresos en papel cada más o menos cuatro días.

Tras varias semanas, Bell descubrió unas extrañas marcas en el papel, producidas por una señal de rápido demasiado rápida y demasiado regular para provenir de un quásar. A pesar de su insignificante apariencia, la joven reconoció la importancia de esa señal. Acababa de detectar la primera evidencia de la existencia de un púlsar.

Claro que en aquel momento no sabía lo que era aquella señal. Ella y su director de tesis, Anthony Hewish denominaron la señal LGM, las iniciales de Little Green Men (pequeños hombres verdes). Pensaron que podían perfectamente ser señales de extraterrestres.

En 1968 el descubrimiento de Bell fue publicado en la revista Nature. Investigaciones posteriores identificaron las señales como provenientes de estrellas de neutrones girando a gran velocidad. Recibieron el nombre de púlsares. En 1974 Hewish y Martin Ryle recibieron el Nobel de Física por el descubrimiento de los púlsares, el primero dado a un trabajo astronómico. Bell no fue incluida en el reconocimiento, algo a lo que ella siempre ha quitado importancia.

No solo es considerada la primera mujer programadora, es que fue la primera programadora que hubo en la historia.

Ada Lovelace nació Ada Augusta Byron en la Inglaterra victoriana de 1815. Su madre se encargó de iniciarla en la filosofía y las matemáticas, algo para lo que demostró tener un talento. En 1834 conoció a Marie Somerville, también especializada en matemáticas, y a Charles Babagge, con el que aprendió a pensar cómo aplicar las matemáticas a la tecnología.

Babagge intentaba desarrollar una nueva máquina de cálculo, que pudiese actuar según una predicción determinada. Ada comenzó a trabajar con él esta máquina que almacenaba datos y efectuaba operaciones repetitivas.

En 1843, con permiso de Babagge, publicó un texto sobre el invento, mostrando cómo funcionaría y dando instrucciones para usarla, utilizando un algoritmo matemático. También sugería el uso de tarjetas perforadas para introducir programas, un sistema similar al que se utilizó mucho tiempo después para crear programas informáticos. Firmó el artículo solo con sus iniciales, para no revelar que lo escribía una mujer.

Ada murió en 1851 víctima de un cáncer de útero. Más de cien años después, en 1979, el Departamento de Defensa estadounidense dio su nombre a un lenguaje de programación, y cada año el 15 de octubre se recuerda su nombre y su crucial aportación a la tecnología.​

Ella reunía tres características que eran inconvenientes en la época que le tocó vivir, principios del siglo XX: era mujer, judía (aunque más tarde se transformó al protestantismo) y austriaca. Aun así, su empeño incansable por estudiar e investigar le llevó a participar en el descubrimiento de la fisión nuclear, además de investigar la teoría atómica y la radiactividad. Sin embargo, una vez más, su aportación fue ignorada a la hora de los reconocimientos y fueron otros los que recibieron el correspondiente premio Nobel.

Nacida en Viena en 1878, Meitner tuvo que dejar los estudios a los 14 años, como ocurría a todas las chicas en Austria. Cuando cumplió 21, sin embargo, las mujeres ya eran admitidas en las universidades, así que dedicó un par de años a preparar los exámenes de ingreso. Era brillante en matemáticas y física, y se doctoró en 1906.

Escribió a Marie Curie para ir a su laboratorio a trabajar, pero allí no había sitio, así que se trasladó a Berlín, donde colaboró con Otto Hahn en el análisis de los elementos radiactivos. Su condición de judía, sin embargo, la obligaba a trabajar en el sótano y no podía acudir a muchas conferencias ni lecciones. Siguió colaborando con Hahn incluso después de tener que huir a Suecia en 1938 debido al ascenso del partido nazi.

Cuando Hahn descubrió que los átomos de uranio se dividían al ser bombardeados con neutrones, ella calculó la energía liberada en el proceso, y llamó al fenómeno fisión nuclear. Este proceso fue la base sobre la que se desarrolló años después la bomba atómica, aunque Meitner no creía que debiese sentirse culpable por ello. “No se puede culpar a los científicos por el uso que los técnicos de la guerra dan a nuestros descubrimientos”. Este logro le valió a Hahn el Nobel de Química en 1944, pero la aportación de Meitner fue pasada por alto. Sin embargo, recibió otros reconocimientos: el elemento 109 de la tabla periódico recibió en su honor el nombre de Meitnerio.

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